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Por: Mauricio Jaitt

Especialista en comunicación estratégica en campañas política. Socio fundador de la Asociación Latinoamericana de Gerencia Política. Presidente del Jurado Internacional de los Napolitan Victory Awards.

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Las campañas políticas modernas parecen ser, en su ejecución, cada vez más complejas. Pero ¿qué es lo que ha cambiado tanto para que los equipos de campaña sean cada vez más numerosos y que periódicamente se incorporen más disciplinas y más profesionales?

Muchas veces cuesta entender cómo se las arregla tanta gente para funcionar armónicamente y resulta preocupante pensar cuál es la verdadera importancia del candidato, a la luz de un trabajo en el que las encuestas, la estrategia, la comunicación, entre otras disciplinas, aparentan poder arreglárselas para sacar con bien a cualquier candidato que les toque en suerte.

Lo cierto es que algunas cosas han cambiado, pero no creo que en forma tan drástica como para que exista la necesidad de llegar a un punto de sofisticación tal que los instrumentos superan a sus ejecutores.

Los procesos de cambio en nuestra sociedad son constantes, pero también son progresivos y debemos estar atentos a ellos. Además los cambios no se dan en forma simultánea en tantos escenarios diferentes, sino que generalmente ocurren por sectores, a veces en los segmentos de edad, a veces en un sexo más que en otro, muchas veces en distintos niveles culturales y así en todo. Insisto, son cambios progresivos.

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Enfrentar estos cambios significa tener una estrategia adecuada con el soporte de una buena investigación y una comunicación inteligente, todo al servicio del candidato, quien debe guardar para sí la toma de decisiones, es una responsabilidad suya, exclusiva, nada de lo fundamental en una campaña debe escapar a su control. Hay muchas cosas importantes en una campaña que pueden delegarse y otras que son fundamentales y le pertenecen.

En este contexto es bueno que nos preguntemos cuál es el rol del consultor político, qué papel desempeña en la campaña, cuál es su importancia y, finalmente, qué son o quiénes son los consultores políticos.

En esta avalancha de especialistas, o de pseudoespecialistas, todos parecen ser consultores. La mayoría son simples ejecutores de un instrumento cuando el consultor autentico está en condiciones de dirigir la orquesta.

No resulta fácil definir al consultor político. En principio podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que es, por sobre muchas otras cosas, un consejero. Persona de consulta permanente, de absoluta confianza del candidato, conocedor experimentado de la reglas del juego político, negociador permanente en las internas inevitables del equipo de campaña, de bajo perfil, sensato, equilibrado para no dejarse llevar por las pasiones y los intereses que siempre afloran en una campaña.

El verdadero consultor sabe leer e interpretar una encuesta, pero no se deja influenciar por la fuerza de los números ni tampoco los subestima; combina toda la información que le brinda la investigación para ponerla al servicio de la estrategia. Él es en sí mismo un estratega que orienta su trabajo de tal manera que influye en la comunicación, marcando las grandes líneas de la campaña en este tema. El consultor integra la ecuación que llamo de la triple C.

Son muy pocos los que pueden ejercer una tarea como la descrita, pero él tiene la ventaja de estar siempre en la “cocina” de la campaña, muy cerca del candidato con una visión de conjunto que supera a cualquier integrante del equipo.

El auténtico consultor político es un profesional que agrupa en una, varias disciplinas que pueden sintetizarse en el hecho de que es un gran generador de ideas. Lee e interpreta el escenario en el que le toca actuar con una visión global, indicando cuál es el mejor camino para llegar al objetivo propuesto; es quien despeja las dudas que suelen plantear las variables de la campaña y lo hace con pasión por su trabajo y lealtad total al candidato. Sabe que su rol es importante, pero que lo fundamental es el candidato, es decir, el otro término de la ecuación de la triple C.

Es obvio que por todo lo expuesto, consultor político no puede ser cualquiera, ya que de la inteligente relación entre candidato y consultor, de la astuta combinación de capacidades surgirá finalmente la mejor campaña.

Habrá surgido entonces el último término de la triple C: la campaña. CANDIDATO – CONSULTOR – CAMPAÑA

De los dos primeros términos hemos abundado en detalles, de las campañas me permito algunos conceptos básicos:

• No hay dos campañas iguales.
• Existen las campañas electrónicas, lo que no existe es el candidato electrónico.
• La campaña deberá ser siempre un mensaje optimista.
• La campaña es un fenómeno comunicacional de formidables dimensiones.
• El momento ideal para comenzar una campaña puede ser cualquiera, siempre que sea antes que el adversario.
• A una campaña se la racionaliza en el cerebro, se la siente en el corazón y se la vive en cada uno de los poros.

Candidatos, consultores, profesionales en distintas especialidades tenemos una obligación común: demostrar en cada campaña que la democracia no es un sistema perfecto, pero es el mejor de los sistemas.

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