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Por: Luciana Manfredi

Argentina.
Docente de la Universidad Icesi. Politóloga de la Universidad de Buenos Aires y Magíster y Doctora en Administración de la Universidad de Tulane. Investigadora en Mercadeo Político y Social, Comunicación Política, Psicología Política y Procesos Electorales

Twitter: @MLhermitte

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Durante el corriente año Colombia eligió un nuevo Congreso en el mes de marzo y un nuevo Presidente en el mes de agosto.

Muchos son los temas que podemos abordar, como la participacion ciudadana (tradicionalmente muy baja, con niveles de abstencionismo que pueden alcanzar el 40 o 50 por ciento). Comportamiento que en las elecciones presidenciales se mostró atípico, disminuyéndose el abstencionismo y aumentando la participación ciudadana. Es más, por primera vez desde 1999 se logró una participación del 53.36 por ciento, que implica que la cantidad de personas que asistieron a las urnas superó a aquellas que se abstuvieron de votar. También se puede abordar el tema de las campañas electorales, tendientes a la polarización y la desinformación, con un electorado un tanto nervioso por la incertidumbre generada, sobre todo en la segunda vuelta, al ser los candidatos Petro y Duque los que ocupaban las posiciones más polarizadas representando las propuestas más orientadas a la izquierda y a la derecha del espectro ideológico respectivamente. Otro tema interesante para la discusión que intentaré abordar en este escrito es en relación a la representación política de las mujeres.
En Colombia, por medio de la cuota de género que se instaló en el 2011 para las elecciones de Congreso, se intenta presentar medidas explícitas para promover mayor participación política de las mujeres. En este sentido, se establece una cuota que permite contar con un espacio reglamentado por ley para la participación política de las mujeres. Sin embargo, la cuota per se no asegura el resultado de la representación política. Existen múltiples factores que influyen en la participación política de las mujeres. Estos factores, que han sido estudiados por la literatura, están estrechamente relacionados con el diseño de la cuota, la cultura política, los niveles de efectividad en el voto, el sistema electoral, entre otros. Es decir, aunque la participación política de las mujeres ha sido reglamentada y se estipula la cuota de participación, puede decirse que dicho espacio de participación dista de ser equitativo, dado que cuenta con una participación de mujeres en cargos de elección popular menor al 30 por ciento. La participación es aún menor cuando se trata de cargos unipersonales (presidente, alcalde, gobernador) y aumenta relativamente en cargos legislativos.

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La literatura indica que los principales obstáculos para la participación política de las mujeres tienen que ver con techos culturales, la estructura social, específicamente el rol de las mujeres dentro de la sociedad como esposas y madres (Freidenberg, 2017). También cuestiones institucionales y económicas, el sistema de partidos políticos y el carácter personalista de la política colombiana (Carey y Shugart, 1995).

En la elección del mes de marzo el Congreso colombiano quedó con una representación de mujeres de casi el 23 por ciento en el senado y el 18 por ciento en la cámara de representantes. En esta elección se utilizó por segunda vez la cuota de género del 2011. Esto muestra que, aunque hay un proceso de conquistas y empoderamiento político de las mujeres que lleva varias décadas, todavía falta un largo camino por recorrer. Pese a que en los últimos veinte años ha aumentado la participación de mujeres en el Congreso, todavía se está muy por debajo de la paridad.

El camino para la ampliación de las “cuotas de género” comenzó en Argentina en la década de los noventa (1991) y varios países latinoamericanos se han sumado a este cambio. En el caso de Colombia comienza en el año 2000 con la Ley 581 que señala que el 30 por ciento de los cargos de máximo nivel decisorio de la administración pública debían ser ocupados por mujeres. A esto le sigue la ley 1475 de 2011 que definió la obligatoriedad de un 30 por ciento de candidaturas de mujeres. No obstante lo anterior, todavía estamos bastante lejos de lograr la paridad.

Quisiera poner el foco en la elección presidencial, debido a que ha sido la primera elección donde casi la totalidad de las fórmulas (cuatro de cinco) estaban compuestas por un hombre y una mujer. En todos los casos, los hombres aspirando a cargos presidenciales y las mujeres a la vicepresidencia. Llama poderosamente la atención es que en varios de esos casos, e inclusive en la fórmula ganadora (Iván Duque y Martha Lucía Ramírez), las candidatas a la vicepresidencia contaban con más experiencia ocupando cargos públicos y habían participado en más procesos electorales que los mismos candidatos a la presidencia. Específicamente hablemos de la fórmula ganadora: el flamante presidente Iván Duque y su vicepresidente, Martha Lucía Ramírez. En este caso particular, la actual vicepresidente cuenta con una amplia experiencia ocupando cargos públicos: fue Ministra de Comercio entre 1998 y 2002, fue Embajadora en Francia en el 2002, también fue la primera y única mujer que ocupó el cargo de Ministra de Defensa. Adicionalmente, ha ocupado cargos de elección popular: en el 2006 fue elegida Senadora de la República. También fue candidata presidencial en el 2014, obteniendo la tercera mayor votación en la primera vuelta. En las elecciones de este año perdió la consulta interna frente a Iván Duque, lo que la convirtió en su fórmula presidencial y hoy ostenta el cargo de Vicepresidente de la República, siendo la primera mujer en ocupar ese cargo.

Mucho se ha hablado sobre la primera mujer en la vicepresidencia, esperando que esto represente una oportunidad para el establecimiento de una agenda de género en Colombia. Sin embargo, Martha Lucía Ramírez es la primera vicepresidente mujer, pero dista de ser la representación que pueda incluir una agenda de género. Esto puede afirmarse ya que en muchas oportunidades ha mostrado posiciones que son contrarias a las que representa el feminismo. Específicamente, ha tenido posiciones contrarias a la agenda de género en temas altamente sensibles como la legalización del aborto o el matrimonio entre parejas del mismo sexo y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Inclusive, no ha tenido una posición contundente acerca de temas como los embarazos adolescentes y la igualdad de acceso a oportunidades entre hombres y mujeres. Aunque la vicepresidente no pareciera ser quien abriera el debate sobre estos temas e incluyera una agenda de género dentro del debate de la agenda pública, es importante aprovechar la coyuntura para abrir un espacio de discusión en torno a ¿cuáles son las barreras existentes para aumentar la participación política de las mujeres? ¿Qué parámetros formales e informales hay en el sistema político y el sistema de partidos para que exista una mayor representación política de las mujeres? ¿Cuáles son las limitantes culturales y los prejuicios de la sociedad al momento de votar para elegir una candidata mujer?

La investigación muestra que todavía falta un largo camino por recorrer para alcanzar la tan anhelada paridad en la representación política, tanto legislativa como ejecutiva. Por primera vez en Colombia una mujer ocupa la vicepresidencia, en consecuencia, se puede esperar que aunque muy lentamente, se vayan ampliando los espacios de representación política de las mujeres. Todavía falta voluntad política para que este tema sea un tema de agenda pública en Colombia. Sin embargo, es necesario que el tema de la representación política de las mujeres ocupe un lugar en la agenda, ya que tiene implicaciones para la democracia en términos de inclusión, de ampliación del capital humano, y de cabida a nuevos liderazgos. Y qué mejor momento que ahora, donde existe participación de mujeres en el ejecutivo y en el legislativo.

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