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Por: Omar Chehade

Ex Vicepresidente Constitucional de la República del Perú. Congresista entre 2011 y 2016. Abogado.

Twitter: @MLhermitte

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El trece de agosto del año 2013 cuando fui designado presidente de la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso de la República del Perú, propuse una serie de reformas institucionales, muchas de ellas que acarrearían enmiendas a la Constitución de mi país. Es así que señalé que se debía retornar con urgencia al sistema bicameral parlamentario porque el Senado solucionaría no solo la calidad de las pauperizadas leyes que aprueba en gran parte el Poder Legislativo, sino que además iba a mejorar la alicaída imagen que tiene el Congreso nacional por falta de cuadros partidarios.

No solo ello, propuse dentro del paquete reformador, la sanción a los congresistas tránsfugas (aquellos que mudan de bancada por intereses subalternos), la eliminación del voto preferencial (por considerar que asesina la meritocracia en los partidos políticos privilegiándose la plutocracia), el financiamiento estatal a los partidos políticos (ausente hasta ese momento en la formación de cuadros y bases partidarias), la no reelección inmediata de gobernadores regionales y alcaldes (que finalmente fue una de las pocas reformas constitucionales que pudimos aprobar), el voto voluntario (ya que consideramos el voto obligatorio como antidemocrático ya que no se puede obligar al ciudadano a ejercer un derecho), abordar en serio la igualdad de género en los sistemas electorales partidarios (los anteriores esfuerzos de dicho tema no habían prosperado por desidia de las cúpulas partidarias), constitucionalizar el agua como derecho fundamental, por lo que se necesitaba también reformar la Constitución (el propio Presidente de la República había anunciado ésta reforma en su discurso anual al Parlamento el año anterior pero no presentó proyecto alguno), la reforma de la ley de partidos políticos (tan anquilosada en nuestro sistema), y que nuestra diáspora pueda elegir desde el extranjero a por lo menos cuatro representantes al Congreso nacional, (es decir cuatro curules que tendrían derecho más de tres millones de peruanos repartidos por el mundo).

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Mientras terminaba de explicar individualmente las reformas que se iban a presentar recibimos los aplausos de la platea sentada en el hemiciclo, que, aunque incrédula, comentaba “las buenas intenciones” del flamante titular de la comisión.

Al día siguiente las portadas de los principales medios de comunicación resumían nuestro discurso como: “agenda ambiciosa del flamante presidente de la Comisión de Constitución”, “propone severos cambios constitucionales”.

Al observar la reacción de los medios de comunicación entre sorprendidos e incrédulos, decidí ir a visitarlos uno por uno, y hacer una agenda de reuniones con los dueños, directores, jefes de redacción y principales periodistas políticos. Para nadie es una sorpresa saber que, de facto, el cuarto poder del estado es precisamente la prensa. En el Perú lamentablemente se tiene miedo a la reforma o al cambio. Al establishment político le fascina el estatu quo, así represente el deterioro de nuestras instituciones.

No solo ello, muchos políticos tibios y mediocres viven asustados de los “periodicazos”, se sienten pulverizados por los titulares o reacciones de los medios de comunicación, sin pensar que muchas veces ellos mismos solo piensan y actúan de acuerdo a sus intereses económicos o empresariales, consecuentemente, entendí que al visitarlos a ellos y explicarles la reforma política emprendida los podía tener de aliados y liderar una importante corriente de opinión en la nación.

Pensé que si tenía mayoritariamente a los medios y la corriente de opinión a favor era más fácil consensuar con las demás bancadas, incluso con la mía propia, para votar el paquete de reformas institucionales que proponíamos, en la que el “buque insignia” de ellas se denominaba: retornar a la bicameralidad. Fuimos recibidos con mucha cordialidad por todos los medios de comunicación, tanto televisivos, radiales y escritos. Algunos de ellos con mucha expectación y hasta ilusión, en consecuencia, la estrategia iba teniendo éxito.

Como segundo paso organizamos una serie de conferencias nacionales e internacionales con expositores que aportaban al fortalecimiento institucional a través de la reforma en foros y medios de comunicación nacional. Es así que, entre otros, invitamos a dos buenos amigos políticos colombianos; primero al Senador Juan Lozano, quien incluso había sido Ministro en el gobierno del expresidente Álvaro Uribe, y pocos meses después al Senador Juan Manuel Galán, quien al igual que yo ostentaba en ese momento la presidencia de la Comisión Constitucional del Senado de Colombia. Sus presentaciones tanto en foros, conferencias de prensa, exposiciones y ante los medios de comunicación fueron muy exitosos ayudando enormemente a la causa reformista. Cuando todo estaba listo empezamos uno a uno a someterlo a consideración de la Comisión para su posterior aprobación. Así fue, y a los pocos meses se vieron resultados sorprendentes, ya que a pesar de la incredulidad de muchos pudimos aprobar en la Comisión la mayoría de las reformas constitucionales que ofrecimos, incluida la bicameralidad que era la que podía ofrecer más resistencia, sobre todo de la bancada fujimorista. Ahora “solo faltaba” someterlo al pleno del Congreso de la República para convertirse en ley.

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