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Por Miguel Jaramillo Luján
Consultor y Estratega de campañas políticas y Gobiernos. Experto en Comunicación Estratégica y Marca Personal. Magíster en Gobierno de la Universidad Eafit, Consultor en Mercadeo Político y de Gobierno.

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Colombia completa más de 2 años en campaña y esta sigue luego de los resultados acontecidos en la primera vuelta, donde las urnas se vieron colmadas por una participación que, para muchos, superó todas las expectativas posibles en la recta por convertirse en el relevo del presidente Juan Manual Santos desde el próximo 7 de agosto. ¿En qué fallaron los candidatos que no lograron llegar a la segunda vuelta? ¿Qué retos tienen los ganadores que lograron llegar a la recta final? ¿Cómo se dividirán las fuerzas y las simpatías para las elecciones del 17 de junio?

Son muchas preguntas y el primer elemento de análisis lo constituye la tendencia constante que hace parte de una condición humana muy lationoamericana y es la inclinación a apoyar al rival que percibimos como el más debil. En México lo llaman el efecto “Chapulín Colorado” y se hace evidente en procesos electorales, en reality-shows de televisión y en otros aspectos de la vida cotidiana donde esta tendencia se hace visible y tangible, poniendo un reto mayor al candidato que logra el primer lugar en la primera vuelta.

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Durante la carrera para llegar a la Casa de Nariño, el país ha sido testigo de una serie de episodios erróneos que han generado, entre otras cosas, desilusión, críticas e inclusive el retiro del apoyo de los electores para con sus candidatos, corriéndose el riesgo de perder la posibilidad de llegar a la Presidencia. Esto es normal en las elecciones, por ejemplo, para el 2010 al entonces candidato por el Partido Verde, Antanas Mockus, quien era uno de los favoritos, le cobraron el haber confesado, faltando poco para las elecciones, que tenía principios de párkinson y que además era ateo -en un país donde en su gran mayoría los habitantes son católicos- a lo cual se suma su pésimo manejo de la transición de las redes sociales para llevarlas al voto, ese gran reto. Otro ejemplo de esto fue en 2014, cuando en medio de un debate entre los candidatos Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, el candidato por el Centro Democrático fue fuertemente criticado por haberle dicho, salido de casillas, que él no merecía ser tratado con respeto “porque usted no tiene talante”, lo que le costó una lluvia de críticas que le desfavoreció.

Esta campaña electoral no es ajena a lo que ya ha pasado, hemos visto entradas en falso por parte de los candidatos de la que ninguno de estos se salva y, ad portas de las elecciones, cualquier error los puede llevar a la derrota en la carrera por la Presidencia.

Los errores

Iván Duque

La fragmentación de su partido, del uribismo y de las facciones de otros partidos que no fueron acogidas adecuadamente, fueron un talón de Aquiles que se reflejó en el resultado final. Algunas palabras no escuchadas “a tiempo” por el candidato del Centro Democrático se las han venido cobrando a Duque por parte de los electores. Estas salidas en falso, sumadas a la fuerte crítica que le hacen al joven candidato por su “falta de experiencia para gobernar”, son factores que jugaron en su contra. Publicaciones en contra de su jefe Alvaro Uribe Vélez y ciertos ataques a los que no se les dio el manejo adecuado, pudieron haberle hecho daño a este candidato.

Vargas Lleras

La campaña – falsa o real-  con mujeres en traje de baño repartiendo volantes, el coscorrón a un escolta, sus respuestas imprudentes en entrevistas, fueron situaciones que lo pusieron en desventaja con sus electores, situaciones que supieron aprovechar sus contrincantes. Claro ejemplo de ello fue el episodio que se presentó hace poco en una entrevista que le hizo la periodista y directora de noticias de RCN Radio, Yolanda Ruiz, donde el candidato se refirió a una de las preguntas hechas como “preguntas chimbas”. Él confesó  en un video, donde trató de justificar el error que se hizo tendencia, que “faltando seis días para las elecciones, lo que millones de colombianos quieren saber es qué va a hacer el próximo presidente para poner a crecer la economía, para generar más empleo (…) no si lloramos o no lloramos, o si tenemos buen temperamento o mal temperamento, o si estamos enamorados o no estamos enamorados”. Sin embargo, al candidato se le vió tranquilo, pues su fuerza se encontraba en la maquinaria política, que no es particularmente sensible a estas expresiones. Siempre figuró como tercero o cuarto en la mayoría de las encuestas del 2018, por eso este resultado no sorprende. ¿Para dónde migrará esta enorme votación de máquina?

Fajardo

Fajardo ganó la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia sin tener en la “foto” a los políticos ni a los partidos. En diciembre –cuando lideraba las encuestas- tomó la decisión de aliarse con la izquierda y sumar clase política a su aspiración, un error que le restó mucha aceptación. Uno de los hechos imperdonables para el candidato por la Coalición Colombia fue en un debate medioambiental donde una periodista le preguntó por el páramo más grande del mundo: “En este momento sinceramente no me acuerdo. Pero estamos en la época digital, coja el celular, pregunte ‘cuál es el páramo más grande del mundo’ y se lo dice Google. Yo no tengo que ocupar espacio en mi memoria con este dato, porque yo no voy para un concurso, sino a liderar el país”, contestó en un hecho calificado por algunos, como arrogante, y por otros, como inadmisible en un futuro Presidente de Colombia. Y algo similar le ocurrió cuando en el programa Hora 20, de Caracol Radio, fue indagado sobre el paro de maestros —uno de sus sectores más cercanos siendo el “candidato profesor”— reconoció no saber porqué estaban protestando, ni sus exigencias; lo que no caló bien entre la opinión de los electores.

Petro

Pese a la mayoritaria movilización de las bases de estratos bajo y medio en Colombia con un discurso de contraposición a la clase alta y a la institucionalidad tradicional, al ex alcalde de Bogotá le costó mucho superar ciertas palabras en contra de íconos muy emblemáticos para todos los sectores sociales e, incluso, generadores de desarrollo y empleo como Hidroituango, Incauca o el grupo empresarial antioqueño.  Se le asocia como un candidato que tiene experiencia en gobernar, pero que no es bueno haciéndolo. Otra asociación al candidato que jugó en su contra es que muchos electores lo conocen como el candidato más simpatizante del “castrochavismo” por su situación de ex militante del M19; por haber mencionado en campaña propuestas arbitrarias y como la afirmación de que su proyecto de gobierno tomaría 10 años, lo que generó dudas y quizá debilitó su aspiración y generó protestas sobre la legalidad del proceso.

Humberto de la Calle

Finalmente, Humberto de la Calle, candidato del Partido Liberal, es el más experimentado, el más adulto, pero el candidato con menos carisma y punch (fuerza innata) de la baraja. Representa una figura política muy cercana a los gobiernos de Santos y Samper. Durante la campaña no pareció tener una estrategia para tomar distancia de su devastado partido ni del gobierno actual. Entre una cerveza, un café, su partido y muy pobres estrategias de mercadeo se ahogaron sus aspiraciones a ocupar la Casa de Nariño. Además, ha hecho pronunciamientos públicos donde él mismo ha reconocido que le podrían costar votos como con el caso del escándalo de Jesús Santrich y su presunto plan de enviar cocaína a Estados Unidos, donde el candidato pidió “frenar” dicho proceso y modificar las reglas del juego para evitar que el exguerrillero termine en manos de las autoridades norteamericanas, con la buena intención y el argumento de que el Acuerdo de Paz, en sí mismo, está en riesgo, pues con su extradición las víctimas del conflicto serían las afectadas de manera directa. “Me dicen que esta declaración afectará mi campaña. No importa”, recalcó el candidato.

Por más que queramos que las cosas sean distintas y que en Colombia tengamos un voto más racional y un ejercicio de la ciudadanía más responsable, es real que nos enfrentamos a un sistema político y electoral que tiene como última ficha del efecto dominó a un ciudadano oculto en un cubículo, quien marca su tarjetón movido por las experiencias de agrado y desgrado emocional para elegir a sus gobernantes.

Segunda vuelta y posibles alianzas

En plena carrera por la presidencia, las encuestas de intención de voto y las mediciones de opinión se convierten en herramientas importantes para entender el comportamiento del electorado en estas elecciones, comenzándose a perfilar los candidatos con mayores posibilidades. En Colombia se perfilaron cinco candidatos fuertes para suceder a Santos: Iván Duque, Germán Vargas lleras, Gustavo Petro, Sergio Fajardo y Humberto de la Calle; sin embargo, nuestro sistema electoral descartó tres y nos ha dejado a dos muy diferentes en sus propuestas, Duque y Petro.

En este escenario de segunda vuelta, el candidato del uribismo ganaría sobre el ex alcalde de la capital, según las encuestas. Duque, pese a que es uno de los dos únicos candidatos que inscribieron su candidatura por un partido político y no por una alianza interpartidista, tiene el apoyo de su partido político, más el apoyo de algunos votos de los partidos de derecha, lo que le da una ventaja sobre Petro.

Además del Centro Democrático, se le sumaron otro grupo de los liberales, específicamente congresistas, ubicados en la Costa Atlántica; los cristianos que estaban con Viviane Morales también se le unieron, aunque su movimiento Somos se fue con Vargas Lleras, a quien Duque terminó por ‘robarle’ el apoyo del Movimiento Mira, que estuvo a segundos de irse con el ex vicepresidente.

Por otro lado, la estrategia de Petro en los próximos meses fue mantener de su lado a las bases verdes y del Polo que no estuvieron de acuerdo con la Coalición Colombia. Otros aliados son algunos votos del partido liberal en el Pacífico, Tolima y Villavicencio, pues se sienten representados en las ideas del exalcalde bogotano y su discurso apegado al de Jorge Eliécer Gaitán.

El mayor fortín de Petro será el voto de opinión que ha logrado cautivar, sobre todo en la Costa Caribe y en ciudades centrales, pues sus apoyos fijos de la ASI, la UP, el Mais y Decentes cuentan con muy poco caudal electoral: 467.427 votos de las pasadas elecciones legislativas.

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